Por Enlazando Almas Actualizado el 3 min de lectura
Cada fin de año, o cada vez que termina algo importante, aparece la misma lista de propósitos. Y muchas veces en esa lista hay cosas que llevamos años arrastrando. No es falta de voluntad. A menudo lo que pasa es que hay un ciclo que no hemos cerrado: una relación que terminó a medias, un trabajo que dejamos sin despedirnos, una conversación pendiente, una pérdida que no lloramos.
Cerrar un ciclo no es olvidar. Tampoco es fingir que no dolió. Es reconocer que algo terminó, darle un lugar y liberar la energía que todavía le estamos dedicando. Estos pasos pueden ayudarte, a tu ritmo.
1. Haz el inventario
Escribe una lista de lo que sientes pendiente: situaciones, personas, decisiones, recuerdos que vuelven. Al lado de cada una, anota qué te gustaría que pasara con eso. A veces la respuesta es una conversación; otras, simplemente aceptar que terminó. Ver la lista completa ya ordena bastante.
2. Agradece lo que sí hubo
Antes de cerrar, mira lo que recibiste. Personas que te sostuvieron, aprendizajes, momentos buenos dentro de etapas difíciles. Si puedes, hazle llegar ese agradecimiento a alguien: un mensaje, una llamada, una visita.
3. Cambia el remordimiento por aprendizaje
Mirar atrás para castigarte no cierra nada; lo mantiene abierto. Una pregunta más útil es: ¿qué sé hoy que no sabía entonces? Anota una o dos lecciones concretas. El error queda en el pasado; lo aprendido viene contigo.
4. Revisa tus relaciones, sin obligarte a perdonar
El perdón puede ser liberador, pero no es una obligación ni algo que se pueda forzar. Hay quienes necesitan tiempo, o quienes eligen no retomar un vínculo y aun así dejan de cargar el resentimiento. Las dos cosas son posibles.
Si hay algo que necesitas decir y no puedes o no quieres decírselo a la otra persona, escríbelo. Una carta que no se envía es una herramienta sencilla y con respaldo: la investigación sobre escritura expresiva, iniciada por el psicólogo James Pennebaker, muestra que poner en palabras experiencias difíciles ayuda a procesarlas. Luego puedes guardarla, romperla o quemarla en un pequeño ritual.
Un apunte: durante años se recomendó descargar la rabia golpeando almohadas. Los estudios muestran que desahogarse así tiende a aumentar la rabia en lugar de disminuirla. Moverse, caminar o respirar con calma suele ayudar más.
5. Vuelve a los tuyos
Los cierres son también buen momento para reencontrarse con amigos y familia de los que te alejaste por orgullo o por descuido. No hace falta resolverlo todo en una conversación. Basta con dar el primer paso y ver qué pasa.
6. Acepta que lo difícil también pasa
Si este fue un periodo duro, no tienes que sonreír por obligación. Pero sí puedes recordar que nada es permanente, tampoco esto. Hacerle espacio a esa idea alivia.
Para empezar más liviano
Es más pesado arrancar algo nuevo cargando todo lo anterior. Ve de a una piedrita en el zapato: mírala y decide qué hacer con ella. Tú decides el ritmo.
Si hay un ciclo que no logras cerrar y sientes que necesitas compañía para hacerlo, en La Red encuentras terapeutas y facilitadores que acompañan estos procesos.
Texto reescrito por Enlazando Almas a partir de un artículo de Christopher Barquero, periodista y coach, publicado antes en este sitio, que retomaba ideas del coach Fernando Portillo.


