Por Enlazando Almas Actualizado el 3 min de lectura
Dos veces al año el Sol alcanza su punto más alto o más bajo en el cielo respecto al ecuador. Son los solsticios. En diciembre, el hemisferio norte vive la noche más larga del año y el hemisferio sur, la más corta. En junio ocurre lo contrario. A partir de ese día, la tendencia se invierte: la luz empieza a volver, o empieza a retirarse.
Y en Colombia, ¿qué pasa?
Desde aquí casi no lo notamos. Por estar tan cerca de la línea del ecuador, la duración del día cambia muy poco a lo largo del año: unos minutos de diferencia entre diciembre y junio. No tenemos inviernos de cuatro de la tarde ni veranos de diez de la noche. Por eso el solsticio, para nosotros, es menos un fenómeno que se siente en el cuerpo y más una fecha simbólica que compartimos con buena parte del mundo.
Una fecha antigua
Para muchas culturas del hemisferio norte, la noche más larga era un momento delicado: el Sol parecía morir y había que acompañar su regreso. De ahí vienen muchas tradiciones que hoy asociamos con diciembre: las hogueras, las velas, el tronco que se quemaba en el norte de Europa y que sobrevive en las luces del árbol de Navidad.
En los Andes, el solsticio de junio tiene su propia historia. El Inti Raymi, la fiesta del Sol de los incas, se celebraba en esa fecha y se sigue celebrando en Cusco y en otras comunidades andinas. En el sur del continente, junio marca el inicio de un nuevo ciclo agrícola.
Lo que comparten todas estas celebraciones es una idea sencilla: en el punto de mayor oscuridad empieza el regreso de la luz.
La luz como recordatorio
Las velas, las luces y los encuentros de fin de año se han leído como una forma de equilibrar la oscuridad y la melancolía de la temporada. Reunirse alrededor de un fuego o de una mesa responde también a algo muy humano: la necesidad de pertenecer, de sentirse parte de una comunidad.
Una práctica para el solsticio
Sin importar dónde estés, el solsticio puede ser una pausa para mirar el ciclo que termina y el que empieza.
- Prepara el espacio. Busca un momento tranquilo, de preferencia al anochecer. Enciende una vela.
- Mira atrás. Escribe tres cosas que este ciclo te dejó y una que quieres dejar atrás.
- Siembra una intención. Escribe una o dos intenciones para los próximos meses. Que sean concretas y dependan de ti.
- Guárdalas. Dobla el papel y guárdalo en un lugar que puedas encontrar en seis meses, en el siguiente solsticio.
Cuando llegue el próximo solsticio, vuelve a leerlo. Muchas personas convierten esta práctica en una tradición personal o familiar.
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Texto reescrito por Enlazando Almas a partir de un artículo publicado antes en este sitio.


