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Gratitud sin obligación: cómo practicarla de verdad

La gratitud tiene respaldo científico, pero no significa aceptar todo ni negar el dolor. Qué es, qué no es y tres formas sencillas de practicarla.

Gratitud sin obligación: cómo practicarla de verdad

Por Enlazando Almas Actualizado el 2 min de lectura

La gratitud se ha vuelto casi un mandato: agradece todo, todo pasa por algo, lo que llega es lo que necesitas. Hay algo valioso en esa idea, pero también un riesgo. Cuando alguien atraviesa una enfermedad, una pérdida o una injusticia, decirle que debe agradecerlo puede sentirse como una forma de negar su dolor.

Vale la pena separar las cosas. La gratitud es una práctica que puede hacernos bien. No es una obligación ni una explicación para todo lo que pasa.

Lo que dice la investigación

Los psicólogos Robert Emmons y Michael McCullough publicaron en 2003 uno de los estudios más citados sobre el tema. Pidieron a un grupo de personas que escribieran cada semana cosas por las que se sentían agradecidas, y a otros grupos que anotaran molestias o hechos neutros. Quienes escribían sobre gratitud reportaron sentirse mejor con su vida y más optimistas frente a lo que venía.

Investigaciones posteriores han encontrado efectos parecidos, aunque moderados. La gratitud no resuelve los problemas, pero ayuda a ver también lo que sí está funcionando.

Lo que la gratitud no es

  • No es negar el dolor. Puedes estar triste por una pérdida y agradecido por lo que viviste con esa persona. Las dos cosas caben.
  • No es conformismo. Agradecer lo que tienes no significa renunciar a cambiar lo que no está bien.
  • No es culpa. Si hoy no te sale agradecer, no estás fallando. Hay días así.

Del «por qué» al «para qué»

Ante lo difícil, preguntarse «¿por qué me pasa esto?» suele llevar a un callejón sin salida. A algunas personas les sirve más preguntarse «¿qué puedo aprender de esto?» o «¿qué necesito ahora?». No es una regla, y no todo tiene que tener un sentido. Pero cuando la pregunta cambia, a veces aparece un camino.

Tres formas de practicarla

1. Tres cosas al final del día

Antes de dormir, anota tres cosas concretas que agradeces del día. Concretas: no «mi familia», sino «la llamada de mi hermana a mediodía».

2. Una carta de agradecimiento

Piensa en alguien que hizo algo importante por ti y nunca se lo dijiste. Escríbele. Si puedes, léesela o envíasela.

3. Agradecer con el cuerpo

Al comer, al despertar o al terminar una práctica de yoga, haz una pausa de una respiración para notar lo que tienes. Muchas tradiciones incluyen este gesto; en el yoga suele cerrarse la práctica con una inclinación y un «namaste».

Si estás atravesando un momento en que agradecer cuesta, no tienes que hacerlo solo. En La Red encuentras acompañamiento emocional.

Texto reescrito por Enlazando Almas a partir de un artículo de Elizabeth Monroy publicado antes en este sitio. Referencia: Emmons, R. A. y McCullough, M. E. (2003). Counting blessings versus burdens. Journal of Personality and Social Psychology.